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CÓMO AFRONTAR LA PÉRDIDA DE NUESTRA MASCOTA

CÓMO AFRONTAR LA PÉRDIDA DE NUESTRA MASCOTA

LA PERDIDA DE UN SER QUERIDO NUESTRA MASCOTA

ETAPAS DE LA VIDA: Una de las partes que conlleva el tener una mascota.  Al hablar de animales domésticos, es cuando solemos referirnos a su raza, su color, su carácter, su belleza, e infinidad de otras características. Pero un tema que inexorablemente tendremos aunque tratemos de evitarlo pero es real y tiene que suceder a aquellos dueños de mascotas, el tema de interés a tocar, es el del duelo por su pérdida. Nuestro fiel compañero, amigo e incondicional cariño por su dueño. En dado caso de llegar a atravesar o estar pasándolo este momento o quiere prepararse para que no lo tome desprevenido, y este bien enterado de las cosas, le recomendamos que lea el artículo que se expone continuación:

COMPARTIENDO EL DOLOR: Las mascotas viven vidas relativamente cortas. Se dice que su edad, cada año es multiplicado por 7, lo cual nos tendría a dar la verdadera edad que posee nuestra mascota, en el caso de los perros. Y para muchos de los que las amamos, el hecho de conllevar su muerte puede afectarnos aunque se dice que no es así, en realidad si lo es en grado un tanto o más que la de un pariente o un amigo. Aunque sin dudas, son muy pocos los que pueden no ser tocados por el deceso de un animal domestico. Los animalitos simbolizan diferentes cosas en  cada uno de nosotros. Puede ser el niño que todavía no hemos concebido, o quizás el que todos llevamos dentro. Es a quien darle amor puro, el cual nos da su cariño sin necesariamente esperar a recibir lo mismo. Es un amor inigualable, fiel compañero, y un gran valor en la vida de los dueños. Puede reflejar al compañero o al padre ideal, siempre fiel, paciente, que nos da la bienvenida al llegar a casa le da gusto vernos de nuevo y nos ama incondicionalmente. Es como un amigo y un hermano al mismo tiempo. Se dice que las mascotas reflejan a sus dueños, puesto que en parte es cierto. Nos refleja a nosotros mismos, al incorporar nuestras actitudes negativas y positivas. Un mismo animal puede ser todo esto al mismo tiempo, dependiendo del día y de la persona con que trate. Cuando muere, sabemos que nuestro profundo dolor será reconocido por nuestros parientes, amigos y compañeros de trabajo. Pero difícilmente esas personas puedan sentir la profunda tristeza que abarca a nuestro ser, al momento de tener que decirle adiós a nuestra mascota. Lo cierto es que el proceso de duelo por su muerte, no es diferente al que se realiza por el fallecimiento de un ser humano, mas allá de que para la sociedad no haya ningún tipo de comparación. Si se siente incomprendido por las personas que lo rodean, debe saber que no debe justificarle a cada uno de ellos la razón de su tristeza, y tampoco criticarlos por ello: la bendición de recibir el amor del animal que nos cuida y acompaña no es un privilegio del que gozan todas las personas. Pero seguramente conseguirá gente que entienda la magnitud de su dolor. Es recomendable el hecho de llegar a platicar con el veterinario, un paseador, o con el dueño de otra mascota. Si esto no lo satisface, puede buscar otro tipo de apoyo, para lograr superar dicha perdida, puede dirigirse a grupos de autoayuda conformados por profesionales y por gente que ha padecido su mismo problema. También puede ser que el dolor causado por la pérdida, active en su persona viejos conflictos no resueltos en el pasado, por lo que tal vez necesite ayuda espiritual, religiosa o psicológica, es algo normal y común en algunos casos. Tenga en cuenta que esto también puede ser tomado como una oportunidad para su crecimiento emocional. Nada le hará perder el valor de los gratos momentos compartidos con su perro, y todos esos recuerdos serán el mejor testamento que pueda dejarle a su animal.   

 LAS 5 ETAPAS DEL DUELO: El duelo es un sentimiento universal, que se puede experimentar en cualquier etapa de la vida. Comienza cuando se recibe la noticia de la enfermedad terminal o la muerte de un ser ya sea humano o animal querido y valorado por nosotros. El luto comprende de cinco etapas, que se pueden experimentar con mayor o menor profundidad, en tiempos prolongados o cortos, dependiendo de cada caso de la persona. Estas etapas no comprenden necesariamente de un orden, sino que a menudo se presentan mezcladas y superpuestas, antes de que pueda llegarse a una aceptación de la muerte.  La perdida de una mascota puede también hacernos tomar conciencia de nuestra propia muerte. Por suerte, tarde o temprano, siempre emerge una esperanza. Y es que siempre que haya vida, habrá esperanza.

 1. Negación: La primera reacción que las personas suelen tener ante la noticia de la enfermedad terminal o la muerte de su animal domestico, es la negación de la realidad. Es una defensa que los seres humanos tienen frente a la abrumadora situación. Así, se logra racionalizar las emociones descontroladas, bloqueando el choque inmediato y ocultando los hechos. Es una respuesta temporal, que se utiliza hasta que se pueda asimilar la nueva realidad.

 2. Enojo: Cuando la negación ya no alcanza para contener las emociones, y estas comienzan a poner en juego nuestra vulnerabilidad, solemos transformarlas en enojo. Esta cólera pueda dirigirse a objetos, familiares, amigos, o desconocidos. E incluso, contra nuestro propio animal enfermo o muerto. Sabemos que ellos no tienen la culpa de nada, pero es una forma de descargar nuestra bronca y de mantenernos unidos a ellos.

Nos sentimos culpables de ese enojo injustificado, y eso nos hace estar aún más enojados. El veterinario que diagnosticó la enfermedad y no pudo curarla, o que le aplico la eutanasia, suele ser un blanco común, aunque no tenga ningún tipo de responsabilidad. Y por más que ellos estén acostumbrados a tratar con la muerte, no están inmunes al sufrimiento de sus pacientes y la bronca de las personas. Por eso, no le guarde rencor y pídale explicaciones todas las veces que lo considere necesario. Discuta los costos del tratamiento y del entierro, averiguando todas las opciones posibles. Si usted y el veterinario logran tener una comunicación honesta y abierta, su sufrimiento se reducirá significativamente.

3. Ansiedad: Una reacción normal frente al desamparo y la vulnerabilidad, es la necesidad de recuperar el control y arrepentirnos de las decisiones tomadas. Buscamos cuales fueron las causas de las desgracias (“si solo hubiésemos concurrido al veterinario mas pronto”), aún sabiendo que eso no modificará nada. Queremos también reparar lo irreparable (“tenemos que consultar a otro doctor, debemos cambiar la dieta de nuestro animal y este se repondrá”), aunque en secreto sepamos que solo se trata de posponer la aceptación de lo inevitable.

4. Depresión: Dos tipos de depresión están asociados al luto. En una predomina la tristeza y la pena, pero transformadas en respuestas prácticas frente a la pérdida. Allí intentamos actuar para aliviar el dolor, preocupándonos por el tratamiento médico de la mascota o de su entierro, así de cómo de repartir nuestro tiempo para no dejar de lado otras obligaciones, como el cuidado de la casa o el trabajo. Esta fase es más fácil de llevar adelante debido a que se suelen cumplir las metas planificadas, para lo cual solo necesitemos algo de cooperación y algunas palabras de aliento.

Pero el segundo tipo de depresión es más sutil, y quizás más privado. Tiene que ver con nuestra preparación emocional para soportar la continuidad de nuestras vidas sin nuestro ser querido. En estos casos lo ideal es iniciar un tratamiento psicológico, aunque en otras ocasiones, todo lo que necesitamos, es un abrazo.

5. Aceptación: No todo el mundo tiene la fortuna de llegara esta etapa. Algunas personas tienen muchas dificultades en superar el enojo o la depresión. Pero aceptar la paz espiritual, no significa que uno se haya olvidado del problema, sino que por el contrario, se ocupará de él en forma mucho mas racional. Esta etapa esta marcada por la calma y el retiro, pero no debe ser confundida con la depresión.

Muchas veces, los animales domésticos que son muy viejos o están atravesando una enfermedad terminal, suelen exhibir estos síntomas. Eso de ninguna manera significa que sepan que su muerte es cercana, ya que la propia declinación física puede causar ese tipo de comportamiento. Tal vez, esto provoque que la relación de las mascotas con sus dueños sea mas limitada, pero en todo caso su entereza y dignidad para afrontar la adversidad pueden ser su mejor legado.

EXPLICAR A UN NIÑO LA MUERTE DE UNA MASCOTA: Es natural que intentemos proteger a nuestros hijos de las situaciones adversas y dolorosas.

Sin embargo, muchos adultos se sorprenden al ver lo bien que los niños asumen estas experiencias, sobre todo cuando se les dan explicaciones claras y honestas. Esto es así porque desde muy chicos, los niños comienzan a comprender el concepto de muerte, aunque sea a nivel inconsciente. Lo peor que se puede hacer con un niño, es mentirle. Se debe evitar decirle que los animales se “han puesto a dormir”, ya que eso podría provocarles un tremendo miedo cuando deban irse a la cama. Decirle que “se lo ha llevado Dios”, podría provocar que el chico se enfurezca por la perdida ha la que lo ha sometido. Los chicos son capaces de entender –cada uno a su manera- que la vida no es infinita. Apóyelos reconociendo su dolor. La muerte de una mascota puede ser una buena oportunidad para demostrarle la seguridad que usted puede otorgar a su familia en situaciones extremas.

Chicos de dos y tres años: A esta edad, los niños no suelen tener comprensión de la muerte. Lo ven como una forma de sueño, por lo que se les debe aclarar que el animal ha muerto y no volverá. Sus reacciones frente a la noticia son de perdida temporal del habla y de necesidad de acompañamiento. Debe tranquilízalos diciendo que la muerte del animal no tiene ninguna relación con algo que haya dicho o hecho el niño. Es muy común que a esa edad, los niños acepten fácilmente a otro animal en reemplazo del que ha fallecido.

De cuatro a seis años: A esta edad existe una cierta comprensión de la muerte, aunque  se la relaciona con otra forma de vida. Pueden crear que el animal se fue a vivir debajo de la tierra, pero que continúa comiendo, respirando, y jugando. También pueden pensar que está dormido. Muchos se sienten responsables de la muerte por algo que le hayan hecho, por lo que debe dejársele en claro que no tuvieron ninguna responsabilidad. Otros creen que la muerte será contagiosa y lo afectará a él o a algún miembro de la familia, por lo que también aquí deben dárseles explicaciones amplias y claras.

Las formas de expresar su pena pueden también ser por alteraciones en el sueño y la ingesta de comida, así como por la incontinencia temporal. Lo ideal es que los padres les hablen constantemente, para evacuar todas sus dudas y conflictos.

De siete a nueve años: En esta etapa los niños saben que la muerte es irrevocable. La mayoría no la asocia con la de su propia persona, pero puede que algunos chicos lo hagan con la de sus padres. Por ello, los padres deben ser muy cuidadosos en sus respuestas, hablándoles de forma franca y honesta. Algunos chicos podrán expresar su pena con problemas de aprendizaje, comportamiento antisocial, falta de atención en la escuela, hipocondría, o agresiones físicas. Muchas veces, estos síntomas no se manifestarán espontáneamente sino algunas semanas o meses mas tarde.

Adolescente: Aunque muchos de ellos tienen reacciones adultas, otros exhiben diferentes tipos de negación. Esto puede tomar la forma de una “cerrazón” emocional, por lo que aunque sufran la pena de la perdida, no lo demuestran. Es importante entonces que el adulto sepa comprender el problema y lo ayude.

LAS RAZONES PARA LA EUTANACIA: Nunca estamos preparados para la muerte de una mascota. Tanto si llega de una forma rápida e inesperada, como si viene luego de un penoso y largo proceso. Nuestra implicación en el resultado final puede ser pasiva. Tal vez prefiramos no darle a un viejo animal un tratamiento médico que solo alargue su agonía. Pero si su enfermedad no tiene cura, también podríamos evitarle que viva el resto de sus días con sufrimiento. Todos esperan que el último día del animal sea en absoluta calma, encontrándolo en su colcha como si estuviera dormido durante algún amanecer. Pero el impacto por la muerte de una mascota es doblemente mayor cuando debemos recurrir a la eutanasia. La eutanasia se puede definir como la introducción a la muerte sin necesidad de sufrir dolor. En la práctica, suele administrarse mediante una inyección intravenosa con una dosis concentrada de anestesia. El animal solo sentirá un leve malestar cuando la aguja le atraviesa la piel, pero esta dolencia no será mayor que la de cualquier inyección que haya recibido. La formula de la eutanasia toma solo unos segundos para provocar la perdida de sentido, a la que inmediatamente le seguirá una depresión respiratoria y un paro cardíaco. Los veterinarios no suelen inclinarse por esta opción fácilmente. Primero agotan todas las posibilidades de diagnósticos, para encontrar alguna forma de mantener al animal con vida y sin sufrimiento. Conocen muy bien la diferencia entre ampliar la vida y ampliar el sufrimiento. La eutanasia es el último recurso con el que cuentan para acabar con el dolor de un animal. Solicitar la eutanasia para nuestras mascotas es probablemente una de las decisiones más duras que tenemos que tomar durante nuestras vidas. Se superpondrán todas las etapas del luto, y podremos sentirnos enojados con nuestro animal, por obligarnos a tomar esta decisión. Podremos también posponer la decisión, esperando que en algún momento, ya no sea necesario tomarla. Si bien el sentimiento de culpa se experimenta de una manera muy profunda en quién debe encargarse de tomar la decisión, debe saber que esa desagradable sensación que experimenta es la máxima muestra de cariño a su mascota, ya que está priorizando al animal antes que a sus sentimientos. Sepa que así como usted tiene derecho a una vida sin penas, su animal tiene derecho a una muerte sin dolor.  Cada uno de nosotros experimenta un luto diferente. Algunos lo  viven de una forma muy privada, mientras que otros se recuperan rápidamente. A ciertas personas les reconforta adquirir un nuevo animal al poco tiempo, mientras que a otras no les gusta esta actitud, por sentir que están siendo desleales con la memoria de su animal. En todo caso, no se apure a tomar un animal como reemplazo. Dése tiempo apara asimilar el duelo. Para preparase a la decisión de la eutanasia, podrá ayudarle responder el siguiente cuestionario. Se trata solo de una guía, ya que es usted en definitiva quien deberá tomar la decisión final. Tómese su tiempo. Hable fluidamente con su veterinario. ¿Qué opción le dará menor pena una vez que su mascota se haya ido? ¿Cuál es la calidad de vida de mi mascota? ¿Sigue comiendo bien? ¿Continúa siendo juguetón y cariñoso conmigo? ¿Se interesa por seguir haciendo las cosas que le gustaba hacer antes? ¿Se lo nota cansado y triste la mayor parte del tiempo? ¿Sufre constantemente dolores? ¿Tengo alguna opción para aliviarle el sufrimiento? En dado caso de llegar a tomar la decisión de la eutanasia ¿No será por que estoy enojado con él debido a las restricciones que le ha impuesto a mi vida? ¿Consulté con algún veterinario al respecto? ¿Cómo estoy viviendo yo a raíz de este problema? ¿Deseo estar presente durante la aplicación de la eutanasia? ¿Prefiero esperar en un área de recepción o un pasillo? ¿Deseo estar solo o junto a algún ser querido en ese momento? ¿Deseo que mi veterinario conserve el cuerpo hasta que pueda tomar medidas de entierro especiales? ¿Deseo adoptar otro animal domestico? ¿Preferiría recuperarme de esta perdida antes de considerar adquirir otra mascota?

LAS MASCOTAS SON SERES HUMANOS SIENTEN IGUAL O AUN MAS, QUE NOSOTROS, Y TARDE O TEMPRANO, LES LLEGARA SU MOMENTO, AUNQUE NO ESTEMOS LISTOS PARA ACEPTARLO, TENEMOS QUE AFRONTARLO DE LA MEJOR MANERA, Y SABER QUE YA DESCANSA, EN EL CIELO Y QUE NOS SEGUIRA PROTEGIENDO Y CUIDANDO, AUQNUE AHORA SERA DESDE ESE MOMENTO, UN ANGELITO QUE NOS ESTARA CUIDANDO DESDE EL CIELO

La Vejez de Nuestro Perro:

LA VEJES DE NUESTRA MASCOTA NO ES UNA ENFERMEDAD

Al igual que las personas, los perros cambian su comportamiento con la vejez, al punto tal de parecer un animal distinto del que supimos tener, como puede afrontar mejor la situación. “Ya no es tan juguetón, ahora se la pasa durmiendo y gruñendo, parece otro perro” Tal vez usted se haya encontrado repitiendo esta frase, al ver que el otrora divertido pichicho que supo tener, es hoy en día un perro malhumorado y fácilmente irritable. Sucede que al envejecer, no son pocos los perros que experimentan estos cambios en su “personalidad”, en gran parte debido a razones exclusivamente físicas. En muchos casos, estas mutaciones se explican por el deterioro de las áreas vinculadas con el sistema nervioso central, como, por ejemplo, el avance de la senilidad, que provoca que los perros pierdan la memoria de lo que antes les agradaba, por lo que ahora solo pareciera molestarles, como por ejemplo zamarrearlos en el jardín. En la misma línea, podemos encontrar la perdida de visión, olfato, o capacidades auditivas. Además, la perdida de su propia respuesta física, los puede hacer sentir mas tensos y temerosos en todas sus acciones, con lo que se activan sentidos instintivos que pueden llegar a tener como resultado una respuesta inesperada a nuestros estímulos, como por ejemplo un tarascón. Es entender que, así como las personas, los perros también sufren los “achaques” de la vejez, lo cual cambia varios de los comportamientos comunes, sea de forma voluntaria como involuntaria. Pero, a diferencia de nosotros, los perros pueden soportar mucho más el dolor físico provocado por el decaimiento físico. Por caso, se ha comprobado que los perros pueden vivir con artritis, puesto que rápidamente asimilan este trastorno y aprenden a convivir con él. Lo importante, es saber comprender que estos cambios son normales y no responden a la voluntad del perro, por lo que es importante tenerles paciencia y tratar de suministrarle toda la atención veterinaria posible para poder disminuir sus padecimientos. La muerte siempre acontece. Hemos aprendido a lo largo de la vida, que este suceso inevitablemente ocurre. Pero, también, podemos llegar a aprender que es posible llenar de sentido una pérdida, y dar significado a una muerte y no solo ser sus espectadores mudos o sufrientes. Que la muerte de alguien amado no necesariamente es una experiencia para ser cargada en la columna de las pérdidas sino, tal vez, la oportunidad de un nuevo comienzo. El descubrimiento de un nuevo horizonte, no advertido hasta ese momento, para los que quedamos vivos. La muerte es una separación. Una experiencia de  desprendimiento tanto para el que muere como para los que quedamos vivos. Morir no es sólo perder el cuerpo, es algo más profundo y doloroso, que implica siempre la posibilidad de un aprendizaje. Morir es aprender a despedirse y lo curioso es que el hombre sabe desde niño que la muerte ocupa un lugar en su vida y en cierto modo se prepara para ese acontecer, pero la muerte, por mejor dispuesto que se esté hacia ella, siempre sorprende.

El proceso de duelo: “Porque aunque no nos acordemos, aunque levantemos un muro de olvido, aunque no lo veamos, el sol siempre está”. Aunque cueste incorporar incluso la palabra "duelo" en nuestros días, la verdad es que recuperar el sentido del duelo es más necesario que nunca. En el que la persona deberá hacer todo un proceso para poder recuperarse de la pérdida, en el sentido más amplio: volviéndose a encontrar, a recuperar las partes de ella misma que parece que también han desparecido con la pérdida y el sufrimiento que ésta conlleva. El tiempo del duelo es un tiempo precioso y necesario. Es el tiempo que necesitamos para poder reajustar nuestra vida a la nueva situación que la muerte de un ser querido nos ha provocado. La persona que está pasando por ello, sabe normalmente que es necesario, que necesita ese tiempo. Es preciso que su entorno, sus familiares, amigos, compañeros, también lo sepan y lo respeten. Que comprendan que es el único tiempo que la persona tiene para poder deshacer todos los nudos que se le han hecho por dentro. Si en ese tiempo encuentra la comprensión y la compasión que precisa, entonces encontrará también la forma de recuperarse, e incluso, de salir mejor y enriquecida, en paz con la vida. No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará su tiempo. Y sólo nosotros podemos marcar el tiempo que necesita nuestro ser para poder considerarse recuperado. Todo ello a pesar, de que muchas veces nuestros familiares y amigos, nos apremian, quisieran vernos en la normalidad ¡ya!, tal vez porque así ellos tampoco sufrirán tanto. Recordando lo vivido con esa persona, recordarlo dentro de nuestra existencia tal como fue mientras vivía, aceptando que ha muerto. Nos queda el tenerlo presente, en nuestro corazón. Los factores que influyen en la elaboración del duelo son: familia, dinero, madurez emocional, edad, relación (cercana, lejana) que hubo con la persona que murió, sexo, religión, cultura, rol familiar, personalidad del doliente etc. Por ello el duelo de cada persona es único e irrepetible, por que cada persona es única.  Es peligroso vivir de la memoria, del pasado. Sólo el presente está vivo. Es el ahora lo que importa, porque ahora es la vida, ahora es todo posible, hora es la realidad.

Las mascotas viven vidas relativamente cortas por lo que hay que asumir desde un principio que nos va a tocar verlas morir. Cuando su calidad de vida no alcance unos niveles aceptables, ya sea por su avanzada edad o por una enfermedad, y el veterinario no encuentre manera de solventar la situación, hay que pensar en la eutanasia. No sólo el último, sino también el mayor acto de amor que puede realizar por su mascota es ahorrarle sufrimientos innecesarios y acompañarle en esos últimos momentos para que se despida del mundo tranquilo, por duro que sea. Su veterinario le informará de los servicios de incineración y enterramiento disponibles. Muchísimo ánimo a toda la gente que ahora mismo esté en esta situación, siempre nos queda pensar que allí donde estén estarán felices corriendo y haciendo las trastadas de siempre. Estás siendo un valiente, mucha gente retrasa el momento por egoísmo, por no perderlo y dilata la agonía. Y que duro es cuando nuestros mejores amigos desaparecen, pero hay que tirar adelante y pensar que seguramente otro adorable animal se cruzará en nuestro camino. El peaje que hay que pagar para ser tan feliz, tantas y tantas veces, con nuestros animales, es el dolor indescriptible cuando se van. Al igual que los peajes de la mayoría de las carreteras, no se paga cuando entras en ellas, sino al salir. Es un peaje caro, pero que merece sobradamente la pena, y todos los que pagamos estos peajes lo sabemos. Animo, hazlo con entereza y orgullo, nadie puede ya quitarte todos esos kilómetros recorridos.  

Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes del hombre sin vicios. Es tan duro estar sin ti, no tropezar con tus juguetes, que no vengas a pedirme el comida o paseo, mirar tu sitio y verlo vació, te veo a ti con tu cabeza apoyada en el mueble, enroscado en tu cojín, y cuando me marcho a la cama no te puedo tener en mis brazos para que te vengas conmigo, hecho tanto de menos tus besitos, y nadie puede decirme como superar esto. Temo a que llegue mañana y no verte en el desayuno pidiéndome comida, mirándome desde la puerta, cada vez que suena un timbre, pase el gasero, espero escuchar tus ladridos que no me llegan. Cuando es la hora de sacarte a pasear ¿a quien paseare? Muchas cosas de casa y de la ciudad me recuerda a ti, y cuando veo a las personas paseando a sus perritos no lo soporto se me parte el corazón.  Como me gustaria seguir contigo haciendo lo que otros hacen.  Todos me dicen que este dolor pasara.. y que dejare de llorar por ti.. Pero que siempre estarás en mi corazón. Te has llevado mi amor, y mi ilusión y me dicen que tu ya no eras tu, pero yo no he visto eso. Ni he visto tu mirada triste, ni siquiera me daba cuenta de que no podías respirar, te hubiese dado yo el aire que respiro, lo hubiese compartido contigo, ¿por qué te has adelantado? Creo en la reencarnación, pero en estos momentos no me ayuda mucho, sé que volveremos a encontrarnos y que me esperaras jugando, pero mientras que llega ese momento quiero que sepas que tienes todo mi amor.

La pérdida no del todo rapida se supera. Pero tú eres la única persona que puedes hacer por superarlo: como les decía, tratar de no pensar en el momento de la perdida, centrarte en aquellas cosas que te llenan y te animan, buscar la experienca de otras personas que han pasado por lo mismo e intentar ver el lado positivo de la vida. Tener en cuenta que aunque ya no este fisicamente con nosotros, si lo esta en espiritu, pues es el angelito que ahora nos cuida desde el cielo.

A MI COCKER XUXA: AUN NO ESTOY LISTA PARA DECIRTE ADIOS, AUN NO QUIERO TE APARTES DE MI LADO, HAZ SIDO MI COMPAÑERA POR LOS ULTIMOS 14 AÑOS DE MI VIDA, LA QUE ME CUIDA, ME ACOMPAÑA, CON LA QUE JUGABA, ERES Y SERAS SIEMPRE EL ANGELITO QUE ME CUIDE DESDE EL CIELO. FUISTE UNA TERNURA DE NENA, FUISTE UNA GORDIS ADORABLE AUNQUE AVECES GRUÑONA, ERES Y SERAS POR SIEMPRE MI COSHI PRECIOSA.

FUENTES 

http://www.sobreperros.com/articulos/la_vejez_del_perro

www.enplenitud.com/nota.asp?articuloID=2440

www.revista.unam.mx/vol.8/num1/art06/ene_art06.pdf

http://blogs.20minutos.es/animalesenadopcion/post/2008/02/29/caimo-afrontar-muerte-un-animal-tu-familia

 

 

 

 

 

 

 

 

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